46) Cómete la sopa.

La hora de comer ha sido siempre un momento interesante en casa. Es el momento para sentarse juntos después de largas horas de estar separados, cada quien haciendo lo suyo, y ponerse al día en lo que había pasado durante ese tiempo. Por lo general había risas e historias graciosas, aunque también había días en que había regaños o caras largas. Sin variación, esos momentos se ven potenciados o minimizados por las artes de mi madre.

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45) Superar la red.

Sentía el corazón en la garganta y le sudaban las manos. La capitana le dedicó una mirada en un intento silencioso de animarle. “Otro igual” gritaba la banca en completo éxtasi. Posó el balón en su frente, cerró los ojos y en un murmullo les pidió que no la vieran. Sonó el silbato. Por un segundo eran el balón, la red y ella. Con el sonido de tambores retumbando en sus oídos y la boca seca, hizo el saque.

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44) Pausa.

Llevaba al rededor de tres años encerrada en su casa. ¿Por qué? Bueno, era simple: no tenía ganas de salir. Era una versión de Forrest Gump, excepto que en vez de tener ganas de correr, ella tenía ganas de quedarse quieta y, a diferencia de Forrest, nadie la siguió. Por el contrario, la llamaron loca y voltearon hacia otro lado, pero no le pareció mal, en realidad también le apetecía estar sola.

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