52) Aterrizaje forzoso.

Aquel domingo, Antonio, uno de los primos mas jóvenes, había estado horas y horas jugando con un ruidoso juguete dentro de la casa llevando al límite a todos los adultos. Solo accedió a prestarlo a otros cuando lo regañaron y le echaron al patio. Sus primos lo roderaron y le pidieron prestado el juguete que Antonio prestó con un dejo de malicia en los ojos.

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51) Reinicio.

“Alma, hola… Bueno, solo para decirte que… No podré verte hoy… A decir verdad, no sé cuando volveré… ¡Perdona que no me despida en persona!… Este…. ¡Tenía algo que decirte!… Si regreso… ja ja ja, okey, eso sonó muy deprimente… Cuando regrese, te lo diré todo: lo de hoy, lo que no dije ese día en la estación y lo que no te dije hace ocho años. ¡Todo!… Lo prometo… Bueno, hasta entonces.”

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50) Perdón.

Era una mañana preciosa. El cielo de un azul profundo hipnotizante, se mostraba despejado hasta donde el ojo alcanzaba a ver; el brillante sol de otoño, hacía su mejor esfuerzo por calentar el día contra los fuertes embates que el frío viento propinaba; las Nochebuenas se mecían rítmicamente ostentando un color verde que en nada se volvería rojo. Era una mañana preciosa de otoño y Félix, postrada en su cama, se lo estaba perdiendo.

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