Para Jackie, la secretaria audaz.

Estando Jackie sentada,

Muy tranquila en su lugar

Llegó la Flaca apurada

Pues sus estimaciones venía a entregar.

 

Jackie comiendo se encontraba

“Permítame un momento, mi estimada,

¿No ve que estoy muy ocupada?”

Y los segundos así pasaban,

Mientras la Parca con su pie los marcaba.
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11) Volando.

La despertó un zumbido inusual y tenebroso, como un grito de terror de inframundo. No tenía idea de en donde se encontraba y aunque la superficie era definitivamente su cama, el rededor no parecía ser su habitación. Había viento por doquier y su cabello volaba en todas direcciones mientas la cama se balanceaba al son del viento gélido que no dejaba de soplar. “¿Qué está pasando?” era la única pregunta que asomaba en su mente, lo demás estaba en blanco.

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Yucatán y ya!

Comenzó con un pequeño carromato rojo parado justo en la esquina de la Cerrada Francisco I. Madero y la calle 20 de Noviembre en San Baltazar Campeche, a espaldas del Instituto Carlos Pereyra, en la ciudad de Puebla. Desde que anunciaron con una lona amarilla pegada en la pared sobre la próxima apertura del negocio, todos los que trabajamos por la zona estuvimos expectantes, porque los lugares decentes para comer por la zona son escasos, por no decir que rayan la cifra de cero.

Yucatán y ya! Comenzó el 12 de enero del 2017, al principio sin un nombre para el nuevo negocio. El establecimiento fue nombrado al final por opinión de un cliente y por decisión de los dueños. Personas muy lindas que te tratan como si fueras de la familia. Es casi seguro que el éxito del lugar venga acompañado por la buena actitud de los dueños quienes siempre tienen una palabra amable para todos sus comensales.

Al inicio vendían tacos y tortas de cochinita pibil. Olía bien, pero el sabor era delicioso. Puedo presumir que mi madre cocina de gloria, pero ni a ella le queda tan rico este guiso. La carne es suave, se deshace en la boca cuando la pruebas. No tiene ese sabor cargado, tan característico, de vinagre y achiote que tienen la mayoría de los intentos de cochinita que he comido. Esta, tiene el balance perfecto.

Las salsas, son todas de habanero, acompañadas de sabores varios, que van desde la salsa de habanero asado, la normal, hasta la que tiene fresa, pepino, jamaica, kiwi e incluso mango. Debo aclarar que yo soy mala comiendo picante, pero los expertos me informan que todas son riquísimas y que conservan el sabor de la fruta que acompaña al chile. El lema del lugar es “El habanero cura a la gente” y está comprobado por su servidora.

El menú ha tenido varios cambios pero todos han sido para bien. Recientemente han remodelado el negocio para que no sea un simple carromato, y agregado a la carta el lechón, grandiosamente realizado y presentado en la misma modalidad que la cochinita. Hay caldo de lechón y decir que es delicioso es quedarme corta. Actualmente han introducido tortillas hechas a mano, que sinceramente le da un mejor toque a todo lo que se come y por las mañanas se sirven huevos motuleños.

Este establecimiento tiene servicio de lunes a sábado de 11:00 a 18:00 horas. Los domingos solo venden sobre pedido. Hay para comer en el lugar, para llevar, por encargo, aceptan reservaciones y para todo eso siempre habrá una sonrisa para la clientela.

Mi recomendación: la pechuga al pibil,… los tacos,… la gringa,… los flotantes,… ¡todo lo del menú!  No hay pierde.

Promesas, promesas…

Este año fue el año en que me hice propósitos. Tenía el sincero propósito de escribir a diario. Ya fuera en este abandonado blog o en papel (continuando con la sinceridad, prefiero el papel, mil veces).

Cuando me di cuenta, ya estábamos terminando enero y cuando me hice tiempo para comenzar con la tarea ya estaba terminando febrero (nada de lo escrito en febrero es digno de ser visto, de verdad) y  cuando me reprendí a mi misma por ser tan decepcionante, estábamos por finalizar marzo. Lo que es igual a …. hoy… 28 de marzo.

Si bien he cumplido a medias mi promesa, no lo he hecho públicamente. Lo mas probable es que no estén para saberlo pero si he escrito. Nada que destaque, la verdad. He tenido un pésimo estado de animo desde que se inicio el año y de alguna forma, eso no me ha inspirado a escribir algo… aceptable, incluso para mi misma. Con esto no quiero decir que todo lo que escribo me gusta, porque he releído algunas cosas y … creo que son muy embarazosas.

También me prometí, desde que inicie con este blog y mucho antes cuando inicie con las redes sociales, que no desahogaría aquí mis penas y que no escribiría nada personal, como un diario intimo, pero al final, aquí estoy otra vez mintiéndome y escribiendo esta clase de entrada en donde me compadezco de mi y mi incompetencia.

Tal vez este sea un buen momento para detenerme y dejar de prometer cosas por un tiempo, pero ya sabemos cual será el resultado, así que simplemente voy a detenerme.

Esta entrada es para ofrecer una atenta y respetuosa disculpa a mis lectores, quienes aunque son pocos, tienen un lugar especial en mi corazón por leerme, por señalar que les gusta una entrada y por no hacerlo, también.  Trataré de hacerlo mejor y espero que sea pronto.

10) Los fantasmas de las Navidades pasadas.

Odiaba la fecha. Todo sobre ella le parecía tedioso y falso y no soportaba las falsedades. Los malos recuerdos sobre esas fechas se atiborraban en su memoria como piezas de dominó colisionando. Desde su infancia hasta que alcanzó a ser un adulto joven no podía recordar una sola Nochebuena o Navidad feliz o, como mínimo, no tan miserable.  Leer más “10) Los fantasmas de las Navidades pasadas.”

9) Karma.

Cuando iba en la primaria tenía una compañera que era amante de los animales. En el sentido más literal de la frase. Si veía un cachorro por la calle, lo recogía, convencía a su mamá de tener en casa unos días y posteriormente era entregado a una familia. Por aquel entonces, ella quería ser veterinaria.

Cuando cursábamos el cuarto año de primaria, un día llegó una hora tarde, entró llorando al salón y llevaba el uniforme de deportes. Resultó que aquella mañana, uno de sus perros había salido corriendo de casa y un camión lo atropelló. Ella lloro desconsolada por horas en la calle, con el uniforme de diario puesto, al lado de aquel cadáver. Leer más “9) Karma.”

8) Nuño.

Era una suerte que a nadie se lo hubiera ocurrido cancelar su vuelo por causa del clima. Al parecer iba a empeorar. A pesar del frío, tenía calor en el cuerpo. Hizo todo el circo para ingresar al país y cuando al fin había pasado todos los controles, salió a la calle y tomó un taxi. Leer más “8) Nuño.”