Churrería EL MORO.

Famosa churrería en la capital mexicana. Si no la conocen, aquí que las presento. Si ya sabían de su existencia pero no se han dado el tiempo de darse una vuelta y probar algo del menú, honestamente, no sé qué esperan.

Churros calientitos. . . . Vía @vince.cr

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Inició como inician todos los negocios: desde abajo. Con un carrito en el zócalo de la ciudad, su fundador, Francisco Iriarte, se hizo de fama y clientela hasta que tuvo la oportunidad de establecerse en un local, el cual sigue de pie y funcionando: el número 42 de San Juan de Letrán en el Centro Histórico, en donde la Churrería EL MORO atiende a sus clientes desde 1935.

El Moro. 💙

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15) Mentirosos para los ancianos.

Cuando entró a la casa se escuchaban los gritos de la anciana, diciéndoles a todos que se fueran de a sus casas. En la cocina, todos, le gritaban de vuelta: que se calmara, que comiera y sobre todo, que dejara de decir tonterías. Comenzó a alucinar dos días atrás. Buscaba a su esposo y a su tercer hijo, fallecidos hacía años; preguntaba si alguien había alimentado a sus gallinas, ordeñado a sus vacas y guardado a sus pollos.

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14) ¿A dónde quieres ir ahora?

Cuando abrió los ojos, le pareció que de verdad estaba en otro mundo. Todo daba de vueltas, tenía un dolor de cabeza atroz, su visión era borrosa y no supo hacer otra cosa más que soltar un montón de lágrimas con la esperanza de haber caído cerca de alguien que la consolara. Seguramente así se sintió Dorothy cuando llegó al Reino de Oz arrastrada por aquel tornado. Trató de recordar qué había pasado.

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13) Contra esquina.

Todos los días caminaba a la escuela desde su casa, tomando el mismo camino. Usualmente recorría la mitad del camino solo, después de todo, a las 6:30 de la mañana las calles rara vez están concurridas. Al llegar al centro, comenzaban a asomarse uno que otro estudiante y era entonces cuando la caminata se hacía en compañía.

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12) La teoría del todo.

Era depresión, lo sabía, pero no lo decía. Era un estado en el que había aprendido a vivir los últimos 20 años y que en ese momento, ya no le afectaba en lo más mínimo. Era depresión y ¡qué! No era su primera vez, como para que empezara con los por qué.

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11) Reír llorando.

Estaba en esa temporada que al mundo le encantaba llamar vacas flacas. Le daba algo de risa, porque si miraba bien, no tenía ni un solo animal. El mundo creía que era algo de ayer y eso era lo que se decía todos los días al despertar, pero si lo pensaba en serio, se desternillaba de risa, porque no era verdad.

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10) Todo termina justo en donde empieza.

Había aprendido a fumar alrededor de los 18 años. Su hermano mayor le había enseñado durante una aburrida fiesta y, siendo el ocio el padre de todos los vicios, así como comenzó el suyo.

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