16) Toma mi mano.

Era inútil. No había diferencia entre mantener los parpados abiertos de par en par o apretarlos deseando quedarse dormida lo antes posible. ¿Dormir? No sabía cómo lograría tal cosa si el corazón le latía tan deprisa y en tantos ritmos posibles como pueden tocarse con una batería. “Probablemente así se sentiría un cadáver después de ser cubierto con cuatro metros cúbicos de tierra, claro, si es que un cadáver estuviera en posibilidad de sentir algo”. Desvariaba, estaba claro.

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Churrería EL MORO.

Famosa churrería en la capital mexicana. Si no la conocen, aquí se las presento. Si ya sabían de su existencia pero no se han dado el tiempo de darse una vuelta y probar algo del menú, honestamente, no sé qué esperan.

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Churros calientitos. . . . Vía @vince.cr

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En mi opinión, no hay nada como sopear un churrito en un chocolate caliente (o frío, según convenga) para calmar el antojo de algo dulce o compensar todas esas ensaladas que se come uno para mantener la linea. Después de todo, al cuerpo hay que darle un gusto de vez en cuando y nada mejor que una dosis de azúcar bien utilizada.

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15) Mentirosos para los ancianos.

Cuando entró a la casa se escuchaban los gritos de la anciana, diciéndoles a todos que se fueran de a sus casas. En la cocina, todos, le gritaban de vuelta: que se calmara, que comiera y sobre todo, que dejara de decir tonterías. Comenzó a alucinar dos días atrás. Buscaba a su esposo y a su tercer hijo, fallecidos hacía años; preguntaba si alguien había alimentado a sus gallinas, ordeñado a sus vacas y guardado a sus pollos.

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