Soy Miedo.

Es uno de esos días en que comienzas a repasar el tiempo en pasado, en que de nueva cuenta haces el conteo de todos los “si hubiera…”, de esos días en que todo te sabe a fracaso, decepción, incertidumbre, duda, miedo… Miedo, que fue lo que te trajo a este punto en primer lugar. Miedo que es lo que te hace detener tus pasos y cambiar el rumbo, voltear la mirada y ver lo que te conviene y no lo que en realidad pasa, salir corriendo de un lugar o situación o personas, incluso aunque el quedarte pudiera significar algo bueno; que te hace ver la realidad distorsionada, que te hace hacer las tonterías más grandes que jamás pensaste que harías… Miedo, que hace que te des cuenta de todo eso cuando la oportunidad, la persona, la situación,… Todo, se ha ido para no volver nunca más. Miedo, que a algunos impulsa hacia a delante para probarse a sí mismos y que a ti te detiene de tajo porque no sabes dominarle, porque tener miedo es para ti lo mismo que una luz roja que te dice “ALTO, quédate ahí”.

Te refugias en él y se vuelve tu amigo, tu confidente. Se vuelve la razón por la que sigues vivo, acabas agradeciéndole que te haya advertido tantas veces del peligro. Después de un tiempo le confías todo a él, dejas que tome las decisiones, no importa si son grandes o pequeñas, importantes o insignificantes. Es su responsabilidad saber decirte qué hacer y claro, cuando algo no sale bien, no te queda más que culparte y después arrepentirte. El arrepentimiento es siempre amigo inseparable del miedo, pero no lo notas hasta que estas hasta las ojeras de ambos.

Con los años sigues contándote aquel viejo cuento en el que Miedo ha sido el único que siempre estuvo ahí para ti, el único que siempre cuido tu espalda y tus intereses. Y te cuentas tantas veces el cuento que lo acabas creyendo cual dogma de fe. Claro que siempre aparece en la historia Arrepentimiento y por supuesto, él es el villano de todas las bellas historias en las que Miedo te “salvó”.

Y así “vives” la “vida”, hasta que llega un día en que las historias con Arrepentimiento son
más fáciles de recordar que las historias en que Miedo te salvó el trasero. Tus historias dejan de hacerte feliz y te das cuenta que, desde hace ya mucho tiempo, te hacían desdichado. Es entonces cuando repasas todo de nuevo… O todo lo que el miedo te permitió guardar en un lugar accesible, y en el repaso te das cuenta de que no solo lo hiciste mal, ¡sino que en realidad TU no hiciste nada! Siempre hubo algo que dejaste crecer fuerte cual roble y que guió tu vida a placer suyo. Algo que creció incluso más que tú, y que brilló más que tú. Te das cuenta que siempre te manejo a su antojo y conveniencia, siempre animado por aquellos que mostraban su desconfianza y duda respecto a ti, tus planes, tus sueños, tus fantasías, tus realidades… Respecto a todo. Ese día también te diste cuenta que todos aquellos que dudaban respecto a ti también tenían a un amigo miedo que no los dejo jamás vivir solos, que siempre los guió por el camino que él mismo dictaba y que lo dejaron crecer tanto que ahora su amigo miedo le daba consejos a tu amigo miedo. El jamás fue auténtico, es un perpetrador, un falso, un oportunista, un vividor, un cualquiera, un MALDITO ENGAÑO!!! Y TU UN MALDITO IDIOTA POR CREERLE!!

Ese día en que repasar el pasado por enésima vez, te hizo ver claramente todo el asunto, decides dejarlo de lado así como debiste hacerlo la primera vez que coqueteo contigo y prometió jamás engañarte, jamás mentirte, jamás usarte… Porque ese día te das cuenta de que siempre lo hizo, de que viviste la vida que él quiso, con sus reglas y condiciones. Y es entonces cuando quieres verle la cara. Siempre habías escuchado su voz en tu cabeza, diciendo algo brillante, muy cobarde pero brillante según tú, y jamás habías querido verlo. Pero hoy, tu coraje por el robo de tus días, tus horas, todas las oportunidades, por el robo sin escrúpulos de tu vida te hace buscarlo y conocer su rostro. En ese momento de ira y rencor, sin pensarlo, te enfrentas a todo lo que te detuvo antes y lo buscas impaciente, hasta que lo encuentras. Esta ahí tan plácidamente sentado esperando tu llegada, la sonrisa amplia y socarrona. No deja ocultar su dejo de burla y complacencia. Y es cuando escuchas esa voz que tantas otras veces habías sentido era el faro que guiaba tus pasos en la tormenta.

-Tardaste mucho, ¿no te parece?

Esa voz… Es tan familiar… ¡Un momento! Mira bien su cara… ¿Te recuerda a alguien?

Ese, el que siempre te detuvo, fuiste tú disfrazado de miedo. Ahora lo sabes. ¿Qué vas a hacer con él? ¿Tenerle lastima y dejarlo vivir, darle otra oportunidad, tratar de hacerlo entrar en razón, ayudarlo a cambiar?… NO.

¡Enfréntalo y termina con esto! No puedes seguir siendo esclavo de una versión poco acabada y defectuosa de ti mismo. El claramente no va a desaparecer, es parte de ti y eso no lo puedes cambiar. Pero no por eso debe ser quien gobierne tu vida, debes aprender a identificar su voz cuando comience a susurrar y controlarlo. No puedes dejar que Miedo sea tú todo el tiempo, porque cuando tengas que ser tu, ¿qué harás si siempre es miedo tu representante?

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Autor: Rous

Cuando era niña alguna vez soñé con convertirme en una gran escritora y fotógrafa. Actualmente soy ingeniera civil pero sigo insistiendo en mi futuro humanista. Tengo muchas historias, pero todas pasan en mi cabeza. Ahora trato de dar el siguiente paso y comenzar a compartirlas.

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