Creo que es amor…

Cuando lo vi por primera vez, ahí frente a mí, inmenso, rugiendo, sin dejarse dominar, tan intenso, azul y blanco, fresco, libre… fue simplemente impresionante. Estoy segura de que derramé una lágrima de emoción, grite como suelen hacer los niños cuando están eufóricos y corrí hacia él con un hueco en el estómago y con ese hormigueo de ansiedad de no saber si correr hacia algo o ir en sentido opuesto. DSC02350.JPGUna sensación de ser demasiado pequeña para estar parada ahí, justo enfrente de él. La impresión de darte cuenta que hay cosas más grandes y maravillosas que el color rojo, que los helados, que las noches con cielos despejados, que las estrellas fugases, que los paseos en los hombros de tu padre, que la luna llena o que los columpios, verlo por primera vez es algo que difícilmente se olvida. El momento en que eres consciente de que formas solo una pequeña parte del todo, que es el universo y un instante en la vida. Tu vida. En ese momento. Ahora.

Lo que sentí aquel día, sigue siendo lo mismo que siento hoy cuando lo veo después de muchos años. La primera vez que estuve frente al mar, tendría algo así como 4 o 5 años, me daba pavor entrar al agua gracias a que vi en televisión “Piraña” y las tres películas de “Tiburón” y temía fuertemente, que alguno de esos “monstruos” me devorara viva, lo cual, mi padre dijo que no pasaría si me quedaba con él todo el tiempo. No sé si resulto mejor, porque me parecía que se alejaba tanto de la orilla y que las olas eran tan altas que, en lugar de morir devorada lo haría ahogada. La segunda, tercera y siguientes veces que lo visité, ya no tenía tanto miedo, era mera admiración.

Recuerdo que las ocasiones en íbamos de vacaciones, el destino era Veracruz. No, no conozco otro mar, pero con este, me hago una muy clara idea. Si me preguntan qué era lo que más me gustaba de mis vacaciones, respondería sin dudar: el mar. Mi padre pasaba horas y horas de aburrimiento mientras mis hermanos y yo, pasábamos horas y horas de eterna diversión en el mar. Mientras mis padres querían ir a conocer la ciudad, yo solo quería estar en el agua. Lo genial: ellos cedían. Si, visitábamos algunos lugares, pero si me preguntan qué lugares, sinceramente lo recuerdo como entre sueños o simplemente no logro hacerlo.DSC02205.JPG

Hoy en día, ya no tengo 5 años. Hoy en día cuando me dicen de ir a algún lugar de playa sigo pensando en Veracruz. Ahora, que ya soy más adulta, pienso en aquellos días en que lo pasaba genial en el mar, y no me arrepiento de nada. Muchos dirían que todas esas idas fueron un desperdicio, siendo Veracruz una ciudad con tanta historia y tantas cosas por hacer y descubrir, pero, sinceramente, no cambiaría ni un segundo de lo vivido ahí. Hace unos días lo volví a ver: mi gigante azul sigue ahí, de alguna forma diferente pero al mismo tiempo el mismo. Pasa lo mismo que con las personas. Estando ahí, el recuerdo se coloreó de nuevo y una vez más, el Golfo de México, me regaló uno de los mejores recuerdos y por las dudas, me quedé en donde mi padre pudiera verme.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Cuáles fueron tus mejores vacaciones o tu destino predilecto?

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Autor: Rous

Cuando era niña alguna vez soñé con convertirme en una gran escritora y fotógrafa. Actualmente soy ingeniera civil pero sigo insistiendo en mi futuro humanista. Tengo muchas historias, pero todas pasan en mi cabeza. Ahora trato de dar el siguiente paso y comenzar a compartirlas.

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