Moustros detrás de la puerta

– Y, dígame – preguntó sin levantar la vista del regazo – ¿tiene ambiciones?

– ¿Ambiciones? – Sara hizo una pausa y caviló. Claro que tenía ambiciones ¿acaso no todo el mundo las tenía? ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? – Sí, si tengo ambiciones. Y muchas.

Arqueando una ceja y abriendo mucho los ojos, Federico levanto la vista por primera vez en toda la media hora que llevaban ahí. Con mirada incrédula y burlona, pregunto:

– Ah, ¿sí? Y… ¿cuáles son esas ambiciones suyas?

Sara sintió la ira subirle hasta las orejas y apretó los dientes. Odiaba el tono de voz que usaba cada vez que ella decía que si tenía sueños, que si tenía ambiciones, que tenía metas y que pensaba en el futuro. Odiaba la forma en que la veía cada vez que ella contestaba con sinceridad, como si estar ahí sentada fuera solo para que un tipo como él, la juzgara durante hora y media. Solo la hacía sentir estúpida y diminuta. ¿Quién diablos se creía que era él, para hablarle así? Además, ella estaba pagando por esa hora y media de… ¿humillación? ¡No! Era suficiente. Se sentó erguida y tomó con fuerza los brazos del sillón en donde estaba sentada y con voz clara, decidida y, tal vez en un tono demasiado fuerte, contestó:

– ¿Cree Usted que no las tengo? Dígame, ¿qué le hace pensar eso? Si tengo sueños, tengo metas, sé que tengo una vida por delante y de verdad, aunque le parezca lo contrario, y aunque los hechos indiquen otra cosa, quiero vivirla. Sí, si tengo ambiciones. Siempre las he tenido. Muchas de esas ambiciones son las que me han permitido llegar hasta aquí. Si no hubiera tenido esas ambiciones en cada momento de mi vida, ahora mismo, no estaríamos teniendo esta conversación. Esas ambiciones, a las que Usted les alza una ceja, les debo la vida. Esas ambiciones me hicieron levantarme cada mañana, para intentarlo de nuevo. ¡Así que no se atreva a preguntar con tono burlón si tengo ambiciones!

Sin darse cuenta, ya estaba de pie. Los brazos a los lados, los puños cerrados. Ni siquiera se dio cuenta en que momento empezó a llorar. La voz no le tembló ni un poco mientras hablaba. No lloró con sentimiento, como damisela herida. Las lágrimas eran de rabia. Rabia pura, rabia viva, que salían a su antojo como si se tratara de respirar.

El Dr. Federico la miró lenta y detenidamente, no tenía esa mirada odiosa, tan suya. No estaba arqueando las cejas. Sus ojos parecían normales, sin expresión burlona. Ahora tenían un toque cálido, que expresaba un sentimiento de satisfacción y empatía.

– Y ahí está la respuesta a la pregunta que te hice el primer día. ¿La recuerdas?

Su mirada expresaba cariño, pero Sara solo sentía rabia. El doctor sonrió. “Tal vez no lo recuerda”, pensó, así que comenzó:

– El primer día que viniste a verme, tu actitud no era la misma que ahora. Fuiste desafiante y obstinada. La verdad fue molesto, muy molesto. – Él estaba sonriendo ahora – Cuando te pregunté la razón para que estuvieras aquí, hiciste eso que haces cada vez que te pregunto algo: pusiste los ojos en blanco, miraste al techo y contestaste como haz hecho desde entonces, como si nada te importara, siempre diciendo lo que creías que quería escuchar. En ese entonces, creí que era porque realmente no querías estar aquí. No me refiero a este espacio, no. No querías seguir en este mundo. Era lógico entonces. Pero tus respuestas desganadas tenían algo de fondo, algo oculto y hoy me lo mostraste.

Sara lloraba más fuerte ahora. Sus puños seguían a sus costados, ahora blancos por la fuerza con que los apretaba para contenerse.

– Y se puede saber ¿qué diablos es lo que pudo ver tan claramente, que le ha hecho dejar de lado su despotismo? – “¿Este maldito doctor se cree adivino o qué?” pensaba.

Federico rió quedamente.

– ¿Qué fue lo que vi? – Se reclinó en la silla por un momento, miró al techo y se estiró. Soltó un suspiro y fijó la vista en ella de nuevo. Sacudió la cabeza como si fuera imposible que algo tan obvio fuera invisible para ella. Se inclinó hacia adelante y dijo con voz serena – Que en realidad no quieres morir. Lo que quieres es otro desafío. Otra razón para seguir levantándote por las mañanas. Que no quieres rendirte. Y algo me dice, que rendirse y tirar la toalla, realmente no es lo tuyo. Sé que tal vez perdiste el norte, me queda claro. Pero juntos, podemos volver a recordar cuales eran esas ambiciones y si no te siguen gustando, siempre podemos modificarlas o buscar ambiciones nuevas. Te ayudaré.

Ahora Sara estaba llorando enserio. Había dejado de apretar los puños. Tenía un brazo cubriendo sus ojos, como los niños pequeños cuando lloran. Lloró todo lo que no había llorado en años. Lloró por aguantar tanto, por todo lo que no había logrado, por todas las cosas que no lloró en su momento, por todo a lo que le había dicho que no. Lloró por intentar terminar con su vida y por no lograrlo, por estar sola…  Por todo.

No sabía cuánto tiempo tenía Sara sin llorar, pero a los ojos de Federico parecía una vida entera de soportar. “A veces cuando uno soporta mucho, se siente solo. Como barco en medio de la tormenta, sin nada a que aferrarse, a merced del clima”, pensaba. Se levantó de su silla y se acercó a ella. Puso una mano en su hombro y le dijo con voz tranquilizadora:

– No estás sola en la tormenta. Si tú quieres, puedo ser un faro para ti. Lo haremos juntos. No todo está perdido, Sara.

Sara no preguntó a que tormenta se refería. Seguro hablaba de lo que se le revolvía en el pecho en ese momento. Sus palabras solo hicieron que el llanto fuera mayor, pero mientras seguía fluyendo, comenzó a sentirse mejor.

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Autor: Rous

Cuando era niña alguna vez soñé con convertirme en una gran escritora y fotógrafa. Actualmente soy ingeniera civil pero sigo insistiendo en mi futuro humanista. Tengo muchas historias, pero todas pasan en mi cabeza. Ahora trato de dar el siguiente paso y comenzar a compartirlas.

1 comentario en “Moustros detrás de la puerta”

  1. “A veces cuando uno soporta mucho, se siente solo. Como barco en medio de la tormenta, sin nada a que aferrarse, a merced del clima”

    Como barquito de papel flotando en el enorme océano. #BeenThere

    Muy bueno

    Le gusta a 1 persona

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