Promesas, promesas…

Este año fue el año en que me hice propósitos. Tenía el sincero propósito de escribir a diario. Ya fuera en este abandonado blog o en papel (continuando con la sinceridad, prefiero el papel, mil veces).

Cuando me di cuenta, ya estábamos terminando enero y cuando me hice tiempo para comenzar con la tarea ya estaba terminando febrero (nada de lo escrito en febrero es digno de ser visto, de verdad) y  cuando me reprendí a mi misma por ser tan decepcionante, estábamos por finalizar marzo. Lo que es igual a …. hoy… 28 de marzo.

Si bien he cumplido a medias mi promesa, no lo he hecho públicamente. Lo mas probable es que no estén para saberlo pero si he escrito. Nada que destaque, la verdad. He tenido un pésimo estado de animo desde que se inicio el año y de alguna forma, eso no me ha inspirado a escribir algo… aceptable, incluso para mi misma. Con esto no quiero decir que todo lo que escribo me gusta, porque he releído algunas cosas y … creo que son muy embarazosas.

También me prometí, desde que inicie con este blog y mucho antes cuando inicie con las redes sociales, que no desahogaría aquí mis penas y que no escribiría nada personal, como un diario intimo, pero al final, aquí estoy otra vez mintiéndome y escribiendo esta clase de entrada en donde me compadezco de mi y mi incompetencia.

Tal vez este sea un buen momento para detenerme y dejar de prometer cosas por un tiempo, pero ya sabemos cual será el resultado, así que simplemente voy a detenerme.

Esta entrada es para ofrecer una atenta y respetuosa disculpa a mis lectores, quienes aunque son pocos, tienen un lugar especial en mi corazón por leerme, por señalar que les gusta una entrada y por no hacerlo, también.  Trataré de hacerlo mejor y espero que sea pronto.

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5) Nuño.

Era una suerte que a nadie se lo hubiera ocurrido cancelar su vuelo por causa del clima, porque al parecer estaba por empeorar. A pesar del frío, tenía calor en el cuerpo. Hizo todo el circo para ingresar al país y cuando al fin había pasado todos los controles, salió a la calle y tomó un taxi. Leer más “5) Nuño.”

4) En la madrugada del siguiente día .

Punzadas agonizantes en el cuerpo. Un sonido sordo, que le taladraba el cerebro, no se detenía. La sensación de haberse perdido de algo era abrumadora. Trataba de abrir los ojos, pero no sabía si lo estaba haciendo mal o simplemente había quedado ciego. ¿Por qué estaba el suelo tan cálido? ¿A caso era su cama? No, no era tan suave para ser su cama, pero sentía unas ganas inmensas de dormir ahí mismo. Leer más “4) En la madrugada del siguiente día .”

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Moustros detrás de la puerta

– Y, dígame – preguntó sin levantar la vista del regazo – ¿tiene ambiciones?

– ¿Ambiciones? – Sara hizo una pausa y caviló. Claro que tenía ambiciones ¿acaso no todo el mundo las tenía? ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? – Sí, si tengo ambiciones. Y muchas.

Arqueando una ceja y abriendo mucho los ojos, Federico levanto la vista por primera vez en toda la media hora que llevaban ahí. Con mirada incrédula y burlona, pregunto:

– Ah, ¿sí? Y… ¿cuáles son esas ambiciones suyas? Leer más “Moustros detrás de la puerta”

La primera vez que reprobé una materia

Corría el año de 1999 (por favor, no saquen la cuenta jajaja) y cursaba el 6 año de primaria. La primaria a la que asistía iba muy atrasada en aquello de “las nuevas clases”: mi primera clase de inglés y de computación, fue en ese año escolar. Tal vez no se les ocurrió que era algo que iba a tomar tanta importancia, ¡qué ilusos!

Por aquel entonces, todas esas cosas como el uso de la computadora, word, excel y todo eso de lo que la vida digital nos ha provisto y que hoy en día usamos como si nada, era un misterio en aquel entonces. Si alguien tenía computadora era muy privilegiado y no la podía llevar a clases porque era enorme. Si alguien tenía un celular, este era enorme también aunque no tanto como la computadora. Leer más “La primera vez que reprobé una materia”

El obstáculo, entonces, será tu voluntad… o la falta de ella

Navegando por la red, encontré este mensaje que espero a más de uno le avive la llama de aquello que los viejos llaman vivir.

No esperes a que sea demasiado tarde. Cuando estaba en la universidad, tuve la fortuna de conocer a gente excepcional que se encargaba de recordarme que el momento es ahora y que no hay mejor momento que este.

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